Nosotras, yo y las piedras

Vivo entre Milán y Lima. Soy peruana, dedicada al derecho internacional y consultora en temas globales. Dirijo una revista especializada en las relaciones entre la Unión Europea y América Latina, donde pensamiento y política dialogan con rigor.
La pandemia marcó un antes y un después. Para mí, que deseaba recibir el año nuevo 2019 en Caral antes de volver a Milán, abrió un período limeño inesperado. En ese tiempo, las piedras aparecieron en mi vida con una fuerza particular.
Las piedras son sujetos con propiedades y beneficios. Nacen en lo profundo de la tierra, tardan miles de años en formarse y guardan energía, memoria y equilibrio. Son piedras que acompañan y que sanan.
Lo que aprendí del conocimiento transmitido de generación en generación lo confirmé en libros europeos que parten de Grecia, Italia y Suiza. Comprendí que su importancia merecía algo más que llevarlas en un bolsillo: debíamos portarlas con intención, con dignidad, en un collar.
Las piedras nos ayudan a vivir mejor. Nos ofrecen claridad, calma, dirección. Nos permiten conocernos, comprendernos y avanzar en el desarrollo de la conciencia.
Por eso busco las mejores piedras, las que han sido trabajadas con cuidado. Y junto con la plata o el bronce, las acompaño en un collar armónico, creado con mis mejores deseos para que cada persona encuentre el crecimiento personal que busca.